Facundo Ruffinengo

Si estás pensando en un estilo vintage para tu boda, no podés perderte este repaso por las particularidades que marcaron los hitos en cada época de la historia de los vestidos de novia, y entender más sobre las alternativas de detalles a incorporar, según la década en la que te inspires.

En 1915, las líneas de los vestidos eran rectas y simples, con toques de encaje. Infaltable era el velo de tul cubriendo la cabeza y cayendo por los costados, hasta por debajo de la cintura. Otra opción era llevar un gorro tipo casco pequeño, de donde se desprendía el velo largo. Predominaban los brazos cubiertos, por mangas largas o guantes, y los escotes conservadores.

Hacia 1925, el look de moda se parecía más a lo que hoy llamamos “Charleston”, con tocados con perlas, plumas y flecos. Los ramos eran de gran volumen, y también se popularizaron las coronas de flores.

Cerca de 1935, los vestidos en general eran simples, de seda o rayón. El volumen de los ramos fue disminuyendo. Se utilizaban aplicaciones de pedrería, velos largos y voluminosos, y ondas amplias en el cabello.

En 1945, los atuendos nupciales se volvieron más voluminosos, con un look elegante y muy conservador. Se veían más pliegues, drapeados, cierres en la espalda con múltiples botones. Mangas largas, abultadas en los hombros.

Por 1955, uno de los grandes cambios fue el largo de la falda, que se impuso por debajo de la rodilla o al tobillo. Solían lucirse velos que cubrían el rostro. Se popularizó el escote en forma de corazón, utilizado por Elizabeth Taylor en la película “El Padre de la novia”.

Hacia 1965, se comenzaron a usar las mangas tres cuartos y los cinturones que enfatizaban la figura. Los complementos preferidos eran los velos medianos y voluminosos, junto con bouquets pequeños.

Llegando a 1975, los vestidos mostraban una impronta más hippie, con mangas amplias o prescindiendo de ellas absolutamente. Las coronas de flores se volvieron los complementos preferidos. También se popularizó el look drapeado, que asemejaba al de una diosa griega envuelta en una sábana.

Diez años más tarde, la época estuvo marcada por una tendencia llena de encajes, apliques y bordados. Los velos catedral, las mangas abultadas y los ramos de flores muy voluminosos tampoco podían faltar. El vestido de Lady Di fue uno de los iconos del momento en la materia.

En 1995, inspirados en varias películas famosas de la época, como “La boda de mi mejor amigo”, “Novia fugitiva” y “Cuatro bodas y un funeral”, los vestidos continuaron siendo voluminosos, pero integrando formas más simples.

Por el 2005, las apuestas se inclinaron hacia opciones de alta costura; con modelos al cuerpo, que proveían mayor comodidad y permitían lucir más la figura. El color no era necesariamente blanco, sino que el marfil, crudo o manteca, se convirtieron en alternativas muy utilizadas.

Actualmente, las tendencias muestran una variedad de estilos para todos los gustos, donde cada novia puede imprimir un sello propio, sin riesgo de estar fuera de moda.

Transparencias, escotes, cintos con pedrería, o algún detalle que integre color, pueden ser las claves de un look absolutamente personalizado y único. Con opciones desde vintage hasta boho chic, pasando por trajes con pantalón, de impronta mucho más urbana, todo vale para que te sientas a gusto y disfrutes a pleno de tu gran día.