En un casamiento al aire libre, con estilo rústico y vintage, rodeados de sus familiares y amigos más íntimos y con un bebé en camino, Sofía y Guille se dieron el "sí, quiero".

Pero, antes de contarles ese hermoso momento de sus vidas, tenemos que remontarnos al año 2011, en la ciudad de Dublín dónde esta pareja se conoció e intercambió números de teléfono y mails: pues, cuando ella pisaba tierra irlandesa, él se iba.

Más tarde, en el año 2014, Sofía volvió a Europa en un viaje con amigas pero decidió quedarse más tiempo -para hacer una ruta por su cuenta- y fue la oportunidad perfecta para volver a ver a Guille. Se reencontraron y viajaron juntos a Salamanca y, de allí, a Asturias, lugar que ella siempre quiso conocer y que quedará en su memoria paras sempre. ¡Guille le confesó sus sentimientos y le propuso que se quedara a vivir en España con él! Pero, por circunstancias de la vida ella no pudo hacerlo...

Así, el 30 de enero del 2015, ella volvió a su país natal. Tan solo quince días más tarde, él agarró un avión rumbo a Argentina para estar con ella. Fue entonces ciando empezaron una nueva etapa juntos, conociéndose de forma diferente al resto del mundo, ya que su primer paso fue la convivencia. Y el segundo llegó de la mano de ella: fue la responsable de pedirle a Guille casamiento.

Sofía tenía pensando casarse de forma íntima, tan íntima que solo serían ellos dos, pero Guille quería algo un poco más grande y poder compartir ese momento tan especial con sus familiares y amigos; y así fue.

El lugar del casamiento

El lugar elegido para dar el gran paso fue una quinta con una gran explanada, para así dar el "sí, quiero" en plena naturaleza. El recinto estaba adornado con un montón de objetos de estilo campestre y vintage. Había espacios con sillas cubiertas con telas de cuadros blancos y verdes, adornados con guirnaldas de telas, almohadas y carteles con frases como: "¡arroz con leche me quiero casar!" o indicaciones -de dónde se iba a realizar la ceremonia- colgados en árboles.

También había otros rincones decorados con mesas envueltas con manteles de cuadros rojos y blancos, con diferentes objetos de metal con flores como jarrones, jaulas, regaderas, etc. Otros elementos componían la decoración: carretillas, letras gigantes creando la palabra “LOVE” y ornamentos de mimbre con forma de corazón colgados.

La ceremonia contaba con fardos de alfalfas cubiertos de lonas estampadas, muy rústicos, como asiento para los invitados. Además, encima de esos bancos tan originales, podían encontrar un pequeño detalle de parte de los novios.

El altar estaba compuesto por una pérgola de troncos, adornada con una tela blanca y otra de color verde, moños de cinta ribone colgados con hilos transparentes, además de carteles donde se podían leer: "¡Vivan los novios!" y "¡Sí, quiero!". Y, en medio de la pérgola había una mesa con sus sillas correspondientes, todas cubiertas con tafetas de seda, también de color blanco y verde, a juego con las telas de la pérgola.

Rodeados de familiares y amigos se dieron el "sí, quiero" y se fundieron un beso de amor incondicional mientras sus invitados soltaban globos blancos al aire. Sin duda, un momento mágico que atesoraran para toda la vida.

El estilismo de los novios

El estilo de los novios también correspondía al elegido para el casamiento. Ella llevaba puesto un hermoso vestido blanco largo con la espalda al descubierto y un encaje precioso en la zona del pecho y hombros. Tanto el maquillaje como el peinado eran sencillos pero hermosos. Optó por llevar el pelo suelto con unas ondas naturales y pequeñas trenzas a los laterales acompañado con una espectacular corona de flores silvestres. Dicha corona iba a juego con su ramo de novia, también hecho con flores similares.

Él llevó un traje de color gris con rallas diplomáticas, camisa blanca y, como complementos, corbatín y tiradores de color granate; muy fiel al estilo campestre del gran día.

Lugar de la celebración

La fiesta posterior la dieron en el mismo lugar de la ceremonia, pero en una zona interior. Dicho sitio estaba lleno de mesas con manteles blancos y tela arpillera, sillas con tafetas de seda del mismo color, centros de mesa de cerámica blanca llenos de flores y un buen vino.Otro hermoso adorno fueron las guirnaldas, en forma de pájaros, colgadas en varios lugares o decoración de la zona del baile, adornada con bolas de cristales. 

Por su lado, la comida fue un gran asado con diferentes carnes (vacío, chorizos, morcillas, etc.) y como bebida principal el vino tinto.

Sin duda alguna, fue un casamiento increíble y mágico que quedará en la memoria de todos los invitados, pero sobre todo de Guille y Sofía. Y así lo supo captar Look And Feel, quien se encargó del reportaje fotográfico tomando las mejores intantáneas del gran día.