Lo ideal es que reduzcas el número de gente que no quieras invitar, al mínimo indispensable. Aun así, te puede pasar que te veas en el compromiso de incluir en tu lista a tu jefe, un pariente lejano, una vecina de tu suegra o una ex pareja de tu novio. Son obligaciones que si tuvieras opción, claramente cancelarías; pero son aquellos respecto de los que, si pasada la etapa de negociación de la lista, aún sigues viendo ahí aferrados, deberás tomar las medidas adecuadas para que afecten tu gran día lo menos posible.

Tené presente que respecto de esto, como de todo en la vida, disponés de diferentes perspectivas sobre cómo abordarlo. Podés padecer la situación y dejar que se instale cual sombra en tu mente, o, podés tratar de manejarlo inteligentemente, y hasta verle el lado positivo. Si se tratá de personas que no querés, no te apures a hacerte problema por anticipado, porque aunque las invites, probablemente ellas mismas encuentren una excusa para no asistir.

Si tenés una fiesta grande, con muchos invitados que querés realmente, un puñado de aquellos que no necesariamente hubieras invitado, no van a dañarte. Podés pensar en sentarlos estratégicamente en las mesas con gente que contrarreste su energía, o agruparlos entre sí y situar su mesa lo más alejada de la tuya posible, así no te los cruzás todo el tiempo. Si tomás esta última alternativa, podés indicarle al fotógrafo que son los menos allegados, para que les dedique la menor cantidad de tomas posible, optimizando el foco de su atención. Lo mismo podés hacerle saber a los responsables de los shows o entretenimientos que haya, para que no los elijan como voluntarios, ni les den más participación de la estrictamente necesaria; aunque ver a tu jefe bailando o cantando delante de todos, puede despertar la intención de coordinar todo lo opuesto.

Otra cuestión a considerar, es el provecho que podés sacar de tenerlos ahí sentados. Si se trata de compromisos por parte de tus padres o suegros, seguramente tienen lugar porque son ellos los que pagan parte del evento, y adicionalmente, pensá que quienes inviten, aportarán buenos obsequios. Otro lado positivo es que tendrás una carta a jugar a futuro para negociar alguna concesión que quieras obtener de quien sea el responsable primario de esos invitados. En esta línea de pensamiento estratégico, si el compromiso es tuyo, como puede ser el caso de tu jefe, el lado luminoso de hacerlo parte de tu celebración, son las flexibilidades que podés obtener para encargarte de los preparativos.

El día de tu boda es único, y sólo tu novio y vos son los protagonistas principales. Procurá enfocar tu energía en las cosas buenas que organizaste, en el sentido del paso que están dando, en la cantidad de gente que no descartarías de ningún modo para que sean testigos y partícipen de tu dicha. El resto, pasa por algo y puede quedar totalmente en segundo o tercer plano.

¡A relajarse y disfrutar!